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lunes, 24 de noviembre de 2014

La teoría gemelar y la etiqueta totalitaria:

Cómo la historiografía occidental eximió a occidente de responsabilidades culturales frente al Tercer Reich. O cómo construyó el relato demonizado de la URSS

(fragmento de Losurdo, Domenico; Stalin: Historia y crítica de una leyenda negra, 2011).

Domenico Losurdo
Con el estallido de la Guerra fría, cada uno de los dos antagonistas se dedica a etiquetar al otro como heredero del Tercer Reich, poco antes derrotado por ambos. «Nadie», observa Lukács en 1954, «osará afirmar hoy que el nazismo, su ideología y sus métodos pertenezcan completamente a la historia pasada». En efecto, sobre ello los dos frentes parecen coincidir sin dificultades. Sin embargo mientras el filósofo comunista, apoyándose en la categoría de imperialismo, alinea a Truman y Hitler, en el frente opuesto se recurre a la categoría del totalitarismo, para subsumir bajo ella a la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Ambas categorías son blandidas como armas de batalla. El intento de asimilar el nuevo al viejo enemigo no se limita a denunciar el imperialismo, o el totalitarismo. Después de haber descrito como proceso de «destrucción de la razón» el recorrido ideológico que lleva al triunfo del Tercer Reich, Lukács siente la necesidad de subsumir bajo la categoría de irracionalismo también la «ideología del mundo libre» guiado por los EEUU. La operación no carece de dificultad, y de hecho el filósofo húngaro denuncia la «nueva forma de irracionalismo escondida bajo el envoltorio de una aparente racionalidad». Sí, en la «nueva situación» que se ha creado, «es completamente natural que también en la filosofía no domine el tipo alemán de irracionalismo, sino el tipo machiano-pragmático», del que serían exponentes entre otros Wittgenstein, Carnap y Dewey.


Hannah Arendt


El esfuerzo de asimilación del nuevo al viejo enemigo se deja ver también en el lado opuesto. Al trazar Los orígenes del totalitarismo, después de haber insistido durante mucho tiempo en el funesto papel del imperialismo citando para tal propósito sobre todo a Lord Cromer, considerado por Churchill todavía en la postguerra de la II Guerra Mundial como uno de los héroes del Imperio británico, [Hannah] Arendt completa la comparación y equiparación entre la Alemania nazi y la Unión Soviética remitiendo, además de al totalitarismo también a otra categoría, la de los «pan-movimientos», de modo que surge otra analogía: al pangermanismo del primero de los dos países puestos en comparación le correspondería el paneslavismo del segundo. Esta conclusión es el término de un tour de forcé todavía más descarado que el visto en Lukács: veremos a Churchill comparar al movimiento comunista con una «iglesia» caracterizada por un universalismo expansionista «cuyos misioneros están en todos los países» y en cada pueblo; en todo caso el presunto paneslavismo estaliniano llama a los pueblos de las colonias a deshacerse del dominio de la raza de los Señores, considerado sin embargo natural y beneficioso por los teóricos del pangermanismo.

Pero en este momento, en los dos lados opuestos, la preocupación principal es la construcción de analogías y simetrías. Nos vemos llevados a sonreír cuando leemos en Arendt que lo que caracteriza a los «pan-movimientos» (y por lo tanto al nazismo y al comunismo) es «la pretensión absoluta de haber sido elegidos»: ¡la celebración de los Estados Unidos como el pueblo elegido por Dios atraviesa en profundidad la tradición política americana y continúa resonando hoy en los discursos de los presidentes estadounidenses! Las exigencias de la Guerra fría tienen claramente la preeminencia sobre toda otra consideración, como se confirma por la intervención en 1950 de un historiador estadounidense de primer plano. En su momento se había opuesto a Franklin D. Roosevelt y su política de alianza con la URSS; desde el estallido de la Guerra fría se siente animado a defender la tesis de la equivalencia política y moral de Hitler y Stalin. De modo que se dedica con intensidad a la asimilación sin resquicios entre los dos dictadores. El primero insiste en el «destino racial de los teutones»: el lector común podría verse llevado a pensar en el «destino manifiesto» y providencial que, según una larga tradición, presidiría la expansión imparable de los EEUU; no obstante, argumentando y ocultando de manera no muy diferente a Arendt, el historiador aquí citado hace corresponder al motivo nazi del «destino racial de los teutones» la «fe en Stalin y Lenin en el rol mesiánico del proletariado y el movimiento revolucionario comunista internacional». De nuevo. Es central en la ideología W[hig] la celebración de la «raza de los señores»: la búsqueda de analogías y precedentes históricos parecería apuntar al régimen de white supremacy durante tanto tiempo en vigor en el sur de los EEUU, al que repetidas veces se ha remitido el nazismo y que en cierto modo continúa existiendo en 1950, año de publicación del libro aquí discutido. Sin embargo, el historiador estadounidense descubre que, similar a la hitleriana es la teoría de la «raza de los señores» aplicada en la Unión Soviética de Stalin, donde casi «cada descubrimiento importante» ¡se le atribuye a «algún ruso desconocido o poco conocido»!

La reductio ad Hitlerum del ex-aliado conlleva la acusación también de genocidio. El primero en moverse en esta dirección es quizás el frente hegemonizado por el movimiento comunista y la Unión Soviética. En 1951 en Nueva York el abogado negro William Patterson, dirigente del Civil Rights Congress (tina organización dedicada a la lucha contra el macartismo por un lado y el régimen de supremacía blanca por el otro) se encarga de editar un libro que es al mismo tiempo una llamada de atención a la ONU para que tome consciencia de la tragedia que se cierne sobre los afroamericanos: en los EEUU (en particular en el Sur) continúa funcionando el régimen de discriminación, humillación, opresión racial y marginación social; no han cesado las violaciones, los linchamientos, las ejecuciones legales y extra-legales y se intensifica la violencia de la policía (todavía en 1963 Martin Luther King hablará de «indecibles horrores de la brutalidad policial»). Relatando esta larga lista de injusticias y tormentos, remitiendo a la convención aprobada por la ONU en diciembre de 1948 contra el crimen de genocidio y haciendo notar el hecho de que en base a tal convención el genocidio no conlleva necesariamente la aniquilación sistemática de un entero grupo étnico, el libro lleva un título) decididamente provocador: We charge genocide. Posiblemente revalorizado por la fuerte oposición encontrada por esta convención en el mundo político estadounidense, la denuncia se traduce en muchas lenguas: en la URSS aparece con una introducción del intelectual de origen judío Ilia Ehrenburg, que aproxima Tercer Reich y EEUU en la medida en que ambos se ven afectados por un delirio racista genocida o potencialmente genocida. Las reacciones suscitadas por el libro en EEUU son furibundas, y responden devolviendo la acusación. Un miembro del comité de aprobación de la convención de la ONU declara: «en los países comunistas la política oficial es la de expulsar a grupos enteros sobre la base de su origen racial y nacional».

Si los comienzos de la Guerra fría ven a cada uno de los dos antagonistas describir al otro como una nueva versión del nazismo y de su locura genocida, con la aproximación del triunfo de Occidente el juego de analogías se desarrolla de manera cada vez más exclusiva en la dirección querida por los vencedores. En especial, se ha convertido en una obsesión para la ideología dominante asimilar a Stalin y a Hitler de la manera más completa posible, hasta el punto de presentarlos como monstruos gemelos.

2 comentarios:

  1. El libro de Alan Bullock ha sentado cátedra entre muchos aficionados a la historia, en cuanto a comparar ambos regímenes. Pero se olvidan, que el autor traza un estudio paralelo, como paralelas pueden ser tantas vidas. Que existen detalles, vamos a llamar de oscura maldad similares en ambos casos, pues es verdad, Los nazis planificaron, crearon y llevaron a cabo una maquinaria amplia estatal para intentar aniquilar una raza en todo lugar que la encontraran, diseñando las cámaras de gas como el que diseña un nuevo tipo de supermercado. Los soviéticos a la vez idearon bajo mandato de Beria por ejemplo la llamada "cámara fotográfica automática" que primero tomaba una foto y luego disparaba una bala en la cabeza del prisionero sin intervención humana. Beria es el mismo que cuando veía una niña agraciada mientras circulaba por Moscú, la obligaba a subir a su limusina y la violaba para generalmente dejarla medio muerta en un callejón. Este no era igual en el otro lado por ejemplo con Himmler que disfrutaba con sus perros y su familia típicamente alemana. En lo que si coincidían ambos regímenes era en la idea que tenían sus pueblos a los que gobernaban, ya que ambos aplicaron el mismo trato a sus disidentes, campos de trabajo, donde obtenían cierta producción económica, como en Siberia donde nadie acaba de ponerse de acuerdo en si fueron 20 ó 45 millones los que murieron, cifras como se ve muy similares hablando de vidas humanas. Para mí lo importante es hablar de Modelos Humanos en la historia (que es una herramienta que aprendí estudiando filosofía con un verdadero filósofo de esos que sólo lees en los libros) y los Modelos que tenían Hitler y Stalin en la cabeza eran modelos similares. El Hombre Nacionalista. Para ellos si Alemania o la URRS-Rusia no eran capaces de ganar, es que no merecían vivir sus habitantes. Aunque la política de llevar a cabo esa idea difería mucho en cuanto a tipo de organización social. Los importantes magnates del acero en el Rurh no tenían nada que ver con las importantes factorías estatales montadas por el stalinismo para producir tanques por ejemplo. En definitiva, se pueden encontrar tantas analogías como queramos como diferencias a la hora de verlas plasmadas. Si se me permite llevarlo a nuestro devenir patrio de estos días. El Modelo Humano actual: Hombre Productor Consumidor que algunos partidos llamados anticapitalistas como Syriza, Cinco Estrellas, El Frente Nacional, o Podemos dicen querer cambiar de manera radical ganando las elecciones a los partidos tradicionales; si luego analizamos sus propuestas, resulta que son más capitalistas que un partido socialdemócrata que propusiera más reformas. Todos quieren dar más dinero a la gente , para consumir, consumir y consumir, base del actual modelo. La regeneración política y lo que llegar a hacer con la deuda, es ya como diría Cicerón, el problema de siempre de Roma, que habrá que cortar los cuellos de algunos senadores corruptos para poner a otros (hasta que se corrompan) e intentar buscar algún medio de pagar la deuda provocándosela a otro. Evidentemente comparar estos cuatro movimientos del sur de Europa es una temeridad, porque pertenecen a espectros políticos muy diferentes, de hecho ahora uno dice ser centrista, otro radical de izquierdas, otra es Juana de Arco, y otro un popular presentador de televisión. Eso si, todos ellos hacen lo que Wittgenstein (mi filósofo favorito) describió en su segunda filosofía, que casi es una refutación de su primera filosofía del Tratactus, como ciertas palabras y el significado asociado a ellas, consiguen con cierta colaboración de los medios cambiar casi todo el significado de las mismas, Lo que si se parece como gotas de agua, es que todos los gobiernos instalados en esos países parecen haber pensado que la mejor forma de enriquecerse de manera personal era llegando al poder y dejándose corromper de manera acelerada.

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  2. De la teoría gemelar hace falta que aumentemos la información disponible en castellano en la red. Se trata de un tema muy desconocido y necesario a tenor de la total hegemonía de la interpretación histórica "whig"-liberal de la segunda guerra mundial y de la guerra fría. Losurdo es un autor comunista pero muy respetado y valorado por su seriedad en el manejo de las fuentes. Saludos cordiales.

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