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sábado, 23 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (II)

El New York Times informa en 1915 del genocidio de los armenios en el Imperio Otomano.



El revisionismo y el negacionismo europeo.

Antes de que hagamos una exposición del revisionismo español en torno a la figura de Pío Moa debemos hacer alguna mención al fenómeno del revisionismo europeo. Se trata de una palabra que contiene una gran variedad de significados, contextos y modos de uso. Usos no exclusivamente ligados a la práctica histórica. El revisionismo ha quedado asociado a diversos contextos y tradiciones de lenguaje del siglo XX.


La acepción del revisionismo que más nos interesa se refiere al viejo fenómeno de la instrumentación ideológica del pasado, manifestado en una línea de discurso polémico» como manifestación de la verdad frente a la versión canónica-oficialista y/o académica[1]. Una característica común es que sus defensores se consideran autores heterodoxos, perseguidos,  censurados, y portavoces de una «verdad histórica» oculta. 

Pero al márgen de esta noción, el epíteto de revisionista se ha utilizado en diferentes contextos. Por ejemplo, en el debate entre socialdemócratas alemanes y bolcheviques rusos, o  más tarde en las polémicas del bicentenario de la Revolución Francesa (el ex-comunista François Furet y su cuestionamiento de la interpretación «jacobina» de 1789 y la necesidad histórica de la revolución), o en las nuevas interpretaciones del fascismo italiano (Renzo de Felice), en la revisión de la historia soviética con motivo de la caída del muro de Berlín (Moshe Lewin) o las nuevas narrativas en torno a los episodios más importantes de la fundación y consolidación del Estado de Israel y el conflicto árabe-israelí (Ilan Pappé, Benny Morris, Avi Shlain, etc.).

Como puso de manifiesto Enzo Traverso, este término acabaría siendo contaminado por aquellos autores que niegan la shoah («asesinos de la memoria», que dijera Pierre Vidal-Naquet). El genocidio judío se iba a convertir en el acontecimiento central para realizar la mutación del sujeto histórico tradicional: ahora encarnado sobre el testigo involuntario -cuyo máximo exponente es la víctima-, un discurso que tiene mucho que ver con la experiencia europea de las Guerras de Secesión de Yugoslavia y la práctica de la limpieza étnica y la aniquilación del enemigo ante las cámaras de televisión[2]. También fue muy importante la reflexión de la Escuela de Frankfurt durante los años de guerra fría y la crítica a los totalitarismos desde distintas posiciones políticas (Herbert Marcuse, Jacob Leib Talmon o Hannah Arendt, entre otros muchos).

Se introducía, en los años ochenta en adelante, la necesidad de un replanteamiento metodológico y epistemológico, pero también de una mayor sensibilidad y atención al sentido ético de la ciencia social histórica[3]. Pero frente a esta evolución historiográfica, los negacionistas permanecieron ajenos a todo este proceder metodológico y también escamotearon cualquier posicionamiento ético frente al mayor problema del siglo XX: el genocidio


El humo de Treblinka (Polonia) el 2 de agosto de 1943.
      El horror de los campos de exterminio en funcionamiento.

 

Estos autores negacionistas (algunos de ellos, como el británico David Irving, inclinados políticamente hacia formas de neofascismo o de nacional-bolchevismo) negaron o al menos pusieron en cuestión el holocausto judío y se auto-denominaron revisionistas para poder, así, dignificarse frente a la adversa opinión internacional. Los negacionistas del holocausto consiguieron pervertir un término que originalmente había servido para definir la labor básica de todo histsoriador: revisar y contrastar hipótesis de forma continuada y no dogmática. Los negacionistas se adueñaron del revisionismo

 
David Irving. (www.revisionists.com)
Pero una vez, presentada la trayectoria del revisionismo europeo, debemos explorar su variante nacional. En nuestro país el fenómeno revisionista fue más tardío y sólo similar en parte, en sus procedimientos negacionistas. Los nuestros no negarán la totalidad de la represión franquista, por ejemplo, pero sí pondrán en duda su alcance y su naturaleza sistemática[4].

Aunque se presentarán como una revisión crítica de la pretendida producción «oficial» (autores de una «Historia verdadera»), basada en hechos y testimonios (esa manida y repetida idea de «dejar que las fuentes hablen»), lo que harán es «redivivir argumentos tras los que subyacen los estereotipos sobre la distinción entre el amigo y el enemigo que tanto imbuyeron el imaginario social español» durante toda la dictadura franquista[5]. Comprobaremos cómo esto es así, de forma ambigüa y a veces explícita, en los textos del propio Pío Moa.

Así, la británica Helen Graham reconoció inmediatamente el fenómeno en Inglaterra, afirmando en el Times Literary Supplement (julio de 2003) que:
«al ignorar la evidencia empírica trabajosamente obtenida y publicada en España durante los últimos quince años, Pío Moa se sitúa desde el punto de vista epistemológico y ético en la categoría de los revisionistas del Holocausto»[6].


Seguiremos …



[1] Sevillano Calero, Francisco: «El revisionismo historiográfico, sobre el pasado reciente en España», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 6, 2007, pp. 183-190.
[2] En este sentido, merece la pena consultar la reciente síntesis del historiador de la Universidad de Barcelona, miembro del grupo de estudios geopolíticos Eurasian Hub, Francisco Veiga, La Fábrica de las fronteras, Alianza, 2011.
[3] Traverso, Enzo: El pasado, instrucciones de uso, Buenos Aires, Prometeo, 2011.
[4]  Los negacionismos como fenómeno social que sobrepasa las fronteras de lo anecdótico (de ahí su importancia para los historiadores académicos) y con un importante efecto en las identidades políticas y nacionales en el presente tienen su eco también en otros periodos históricos. Tal es el caso del ex falangista Ignacio Olagüe y su difundido libro donde niega la invasión musulmana de la península ibérica del 711 d.C.: La revolución islámica en Occidente, Madrid, Fundación Juan March, 1974. Este caso ha recibido muchas réplicas pero el más reciente análisis crítico del fenómeno en su justa amplitud proviene del medievalista Alejandro García Sanjuan en La conquista islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado, Madrid, Marcial Pons, 2013. Es un ejemplo más de cómo la compleja y amalgamada ideología nacional-católica abarcó y manipuló un sinfín de aspectos relativos al pasado reciente de España.
[5] Sevillano Calero, Francisco: «El revisionismo…, Opus cit., pp. 188.
[6] La cita es ofrecida, entre otros, por Reig Tapia, Alberto: Anti-Moa, Opus cit., p. 347.  

2 comentarios:

  1. Muy interesante, pero no has hablado de Pío Moa. Sobre los genocidios, creo que debes mencionar otros casos que fueron importantes en el siglo XX como por ejemplo la experiencia colonial tanto en África como en India e Indochina.

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    1. Es que está entrando en conceptos. Primero define lo que es el revisionismo y luego dedica las entradas siguientes a dicho autor.

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