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lunes, 24 de noviembre de 2014

La teoría gemelar y la etiqueta totalitaria:

Cómo la historiografía occidental eximió a occidente de responsabilidades culturales frente al Tercer Reich. O cómo construyó el relato demonizado de la URSS

(fragmento de Losurdo, Domenico; Stalin: Historia y crítica de una leyenda negra, 2011).

Domenico Losurdo
Con el estallido de la Guerra fría, cada uno de los dos antagonistas se dedica a etiquetar al otro como heredero del Tercer Reich, poco antes derrotado por ambos. «Nadie», observa Lukács en 1954, «osará afirmar hoy que el nazismo, su ideología y sus métodos pertenezcan completamente a la historia pasada». En efecto, sobre ello los dos frentes parecen coincidir sin dificultades. Sin embargo mientras el filósofo comunista, apoyándose en la categoría de imperialismo, alinea a Truman y Hitler, en el frente opuesto se recurre a la categoría del totalitarismo, para subsumir bajo ella a la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Ambas categorías son blandidas como armas de batalla. El intento de asimilar el nuevo al viejo enemigo no se limita a denunciar el imperialismo, o el totalitarismo. Después de haber descrito como proceso de «destrucción de la razón» el recorrido ideológico que lleva al triunfo del Tercer Reich, Lukács siente la necesidad de subsumir bajo la categoría de irracionalismo también la «ideología del mundo libre» guiado por los EEUU. La operación no carece de dificultad, y de hecho el filósofo húngaro denuncia la «nueva forma de irracionalismo escondida bajo el envoltorio de una aparente racionalidad». Sí, en la «nueva situación» que se ha creado, «es completamente natural que también en la filosofía no domine el tipo alemán de irracionalismo, sino el tipo machiano-pragmático», del que serían exponentes entre otros Wittgenstein, Carnap y Dewey.


Hannah Arendt


El esfuerzo de asimilación del nuevo al viejo enemigo se deja ver también en el lado opuesto. Al trazar Los orígenes del totalitarismo, después de haber insistido durante mucho tiempo en el funesto papel del imperialismo citando para tal propósito sobre todo a Lord Cromer, considerado por Churchill todavía en la postguerra de la II Guerra Mundial como uno de los héroes del Imperio británico, [Hannah] Arendt completa la comparación y equiparación entre la Alemania nazi y la Unión Soviética remitiendo, además de al totalitarismo también a otra categoría, la de los «pan-movimientos», de modo que surge otra analogía: al pangermanismo del primero de los dos países puestos en comparación le correspondería el paneslavismo del segundo. Esta conclusión es el término de un tour de forcé todavía más descarado que el visto en Lukács: veremos a Churchill comparar al movimiento comunista con una «iglesia» caracterizada por un universalismo expansionista «cuyos misioneros están en todos los países» y en cada pueblo; en todo caso el presunto paneslavismo estaliniano llama a los pueblos de las colonias a deshacerse del dominio de la raza de los Señores, considerado sin embargo natural y beneficioso por los teóricos del pangermanismo.

Pero en este momento, en los dos lados opuestos, la preocupación principal es la construcción de analogías y simetrías. Nos vemos llevados a sonreír cuando leemos en Arendt que lo que caracteriza a los «pan-movimientos» (y por lo tanto al nazismo y al comunismo) es «la pretensión absoluta de haber sido elegidos»: ¡la celebración de los Estados Unidos como el pueblo elegido por Dios atraviesa en profundidad la tradición política americana y continúa resonando hoy en los discursos de los presidentes estadounidenses! Las exigencias de la Guerra fría tienen claramente la preeminencia sobre toda otra consideración, como se confirma por la intervención en 1950 de un historiador estadounidense de primer plano. En su momento se había opuesto a Franklin D. Roosevelt y su política de alianza con la URSS; desde el estallido de la Guerra fría se siente animado a defender la tesis de la equivalencia política y moral de Hitler y Stalin. De modo que se dedica con intensidad a la asimilación sin resquicios entre los dos dictadores. El primero insiste en el «destino racial de los teutones»: el lector común podría verse llevado a pensar en el «destino manifiesto» y providencial que, según una larga tradición, presidiría la expansión imparable de los EEUU; no obstante, argumentando y ocultando de manera no muy diferente a Arendt, el historiador aquí citado hace corresponder al motivo nazi del «destino racial de los teutones» la «fe en Stalin y Lenin en el rol mesiánico del proletariado y el movimiento revolucionario comunista internacional». De nuevo. Es central en la ideología W[hig] la celebración de la «raza de los señores»: la búsqueda de analogías y precedentes históricos parecería apuntar al régimen de white supremacy durante tanto tiempo en vigor en el sur de los EEUU, al que repetidas veces se ha remitido el nazismo y que en cierto modo continúa existiendo en 1950, año de publicación del libro aquí discutido. Sin embargo, el historiador estadounidense descubre que, similar a la hitleriana es la teoría de la «raza de los señores» aplicada en la Unión Soviética de Stalin, donde casi «cada descubrimiento importante» ¡se le atribuye a «algún ruso desconocido o poco conocido»!

La reductio ad Hitlerum del ex-aliado conlleva la acusación también de genocidio. El primero en moverse en esta dirección es quizás el frente hegemonizado por el movimiento comunista y la Unión Soviética. En 1951 en Nueva York el abogado negro William Patterson, dirigente del Civil Rights Congress (tina organización dedicada a la lucha contra el macartismo por un lado y el régimen de supremacía blanca por el otro) se encarga de editar un libro que es al mismo tiempo una llamada de atención a la ONU para que tome consciencia de la tragedia que se cierne sobre los afroamericanos: en los EEUU (en particular en el Sur) continúa funcionando el régimen de discriminación, humillación, opresión racial y marginación social; no han cesado las violaciones, los linchamientos, las ejecuciones legales y extra-legales y se intensifica la violencia de la policía (todavía en 1963 Martin Luther King hablará de «indecibles horrores de la brutalidad policial»). Relatando esta larga lista de injusticias y tormentos, remitiendo a la convención aprobada por la ONU en diciembre de 1948 contra el crimen de genocidio y haciendo notar el hecho de que en base a tal convención el genocidio no conlleva necesariamente la aniquilación sistemática de un entero grupo étnico, el libro lleva un título) decididamente provocador: We charge genocide. Posiblemente revalorizado por la fuerte oposición encontrada por esta convención en el mundo político estadounidense, la denuncia se traduce en muchas lenguas: en la URSS aparece con una introducción del intelectual de origen judío Ilia Ehrenburg, que aproxima Tercer Reich y EEUU en la medida en que ambos se ven afectados por un delirio racista genocida o potencialmente genocida. Las reacciones suscitadas por el libro en EEUU son furibundas, y responden devolviendo la acusación. Un miembro del comité de aprobación de la convención de la ONU declara: «en los países comunistas la política oficial es la de expulsar a grupos enteros sobre la base de su origen racial y nacional».

Si los comienzos de la Guerra fría ven a cada uno de los dos antagonistas describir al otro como una nueva versión del nazismo y de su locura genocida, con la aproximación del triunfo de Occidente el juego de analogías se desarrolla de manera cada vez más exclusiva en la dirección querida por los vencedores. En especial, se ha convertido en una obsesión para la ideología dominante asimilar a Stalin y a Hitler de la manera más completa posible, hasta el punto de presentarlos como monstruos gemelos.

domingo, 31 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (VII)


La Historia complica nuestro conocimiento del pasado; la conmemoración lo simplifica, puesto que su objetivo más frecuente es procurarnos ídolos para venerar y enemigos para aborrecer.

(Tzvetan Todorov)

El franquismo nostálgico militante de Pío Moa, o el franquismo como democratizador de España.

Hoy concluímos nuestro repaso al fenómeno revisionista poniendo de relieve las intenciones y principios que mueven la obra de Pío Moa. Haciendo balance personal del franquismo (a la cual también ha dedicado un libro) realiza una justificación del régimen a varios niveles, mediante el uso de ucronías y valoraciones morales que debemos mencionar aquí.

La retórica "neocon" española (arqueología mediática):

 
El filósofo Gabriel Albiac (Fuente: Jot Down Cultural Magazine)


En 1997, publicaba El País una editorial titulada “Franquismo redivivo”: una crítica furibunda al programa de debate que tuvo lugar en TVE, bajo la dirección de Luis Herrero, aquella semana. El programa se tituló “Qué queda del franquismo” y dió mucho que hablar.

El 13 de noviembre de 1997, participaron en la televisión pública los franquistas Gonzalo Fernández de la Mora (ministro de Obras Públicas e ideólogo de la dictadura) y Ricardo de la Cierva (historiador del régimen, hagiógrafo del caudillo y ministro de UCD en la transición, del que ya hablamos en este blog). Por parte del antifranquismo participaron el abogado y activista republicano Antonio García Trevijano, el filósofo Gabriel Albiac y el historiador Juan Pablo Fusi.

sábado, 30 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (VI)

Bombardeo de Lérida por el bando sublevado en 1937.


La «Causa General» y el «terror rojo» durante la guerra.

La «Causa General» fue una temprana iniciativa publicística y pseudo-jurídica del general Franco, decretada por el Ministerio de Justicia el 26 de abril de 1940. Fue un gran sumario abierto por los vencedores para informar de los «hechos delictivos y otros aspectos de la vida en zona roja desde el 18 de julio de 1986 hasta la liberación», siendo un importante proyecto de legitimación franquista tras la guerra.

Una primera edición preliminar incompleta fue publicada en 1943 y supuso un frustrado intento publicitario cuyos resultados finales no serían jamás publicados, por lo exiguo de sus resultados. Actualmente constituye una fuente secundaria importante, pese a su enorme sesgo (era habitual sumar a una misma víctima en varias localizaciones a la vez, como se ha demostrado). Ha sido revisada y criticada por Francisco Espinosa Maestre, Santos Juliá y otros historiadores[1]. 

viernes, 29 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (V)

Iósif Vissariónovich Stalin (1878 - 1953)

El peligro revolucionario, en torno al 18 de julio de 1936.

Muestra clara de la adscripción de Moa a las tesis franquistas es la terminología con que nombra a los contendientes de la Guerra Civil. El bando sublevado es el «nacional» y el republicano es denominado «frentepopulista» y, en ocasiones, «rojo», habida cuenta de que el frentepopulismo, el sovietismo y el «terror rojo» constituyen (según Moa) dimensiones de un mismo fenómeno totalitario contra el que se encuentran indefensas las fuerzas democrático-cristianas de la CEDA.

miércoles, 27 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España en torno a Pío Moa (IV)

Algunas obras críticas publicadas contra el revisionismo historiográfico franquista y neo-franquista.


Comencemos nuestra cuarta entrada recordando la advertencia que realizara Francisco Sánchez Pérez en una obra reciente: los argumentos neofranquistas pueden coincidir con tesis defendidas por la historiografía conservadora, en ocasiones (caso de Stanley Payne), pero no debemos equiparar la naturaleza de un debate historiográfico con la polémica suscitada en torno al revisionismo. No confundamos los dos fenómenos. La polémica historiográfica sigue otras vías[1]

lunes, 25 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (III)

De donde veníamos (algunos autores franquistas). Abajo a la derecha Joaquín Arrarás.



Los antecesores de Pío Moa y su éxito.

Al poco de alcanzar el éxito mediático allá por 2002 y 2003, el politólogo Reig Tapia escribió sobre las raíces franquistas del revisionismo hispánico de Pío Moa como una tardía síntesis reciclada de las tesis franquistas de los años más inflexibles (ideología de cruzada de los años 40 y 50). Según este, recuperaba los falseamientos realizados por la historiografía del primer franquismo [1].


sábado, 23 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (II)

El New York Times informa en 1915 del genocidio de los armenios en el Imperio Otomano.



El revisionismo y el negacionismo europeo.

Antes de que hagamos una exposición del revisionismo español en torno a la figura de Pío Moa debemos hacer alguna mención al fenómeno del revisionismo europeo. Se trata de una palabra que contiene una gran variedad de significados, contextos y modos de uso. Usos no exclusivamente ligados a la práctica histórica. El revisionismo ha quedado asociado a diversos contextos y tradiciones de lenguaje del siglo XX.


viernes, 22 de agosto de 2014

El fenómeno revisionista en España: en torno a Pío Moa (I)



A eso se le dio el nombre de técnica de «la Gran Mentira», Johnny. Se da la impresión de que se sabe de qué se está hablando, de que se citan hechos reales. Se habla a gran velocidad, alternando las propias mentiras con una aparente teoría de conspiración y repitiendo las mismas aseveraciones una y otra vez. Los que desean una excusa para odiar o maldecir, los que poseen un ego exagerado pero débil, aceptarán de inmediato una explicación simple y sencilla de cómo es el mundo. Esos tipos nunca exigirán hechos.

«El Cartero», David Brin.



martes, 3 de junio de 2014

La tortuosa senda de la XIII Enmienda y la abolición de la esclavitud en los EEUU en "Lincoln" (Steven Spielberg)


Revivir los fundamentos de la proclamación de independencia. Fuente: http://housedivided.dickinson.edu
En medio de un enorme aguacero, tras una terrible carnicería llamada Gettysburg, un soldado negro vestido con el azul de la Unión se dirige al presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln para hablarle de un sueño: “que todos estos muertos no hayan dado su vida en vano”. La película de Spielberg arranca en el cuarto año de guerra y nos dirige a través de la intimidad del líder republicano durante la Guerra de Secesión norteamericana. Un hombre sin estudios, pero dotado de una gran capacidad de liderazgo y una fuerte convicción moral y religiosa. Se nos mostrará a un político dispuesto a traspasar los límites de la división de poderes, enfrentar la oposición de sus propios compañeros de partido, y violar la ley con tal de abolir la esclavitud de una forma segura y permanente. Antes, en 1863, al inicio de la contienda, había realizado la proclamación de la emancipación, haciendo uso de unos poderes ejecutivos extraordinarios, en tiempo de guerra, siquiera contemplados en la Constitución. Pero es consciente de que esos libertos negros podrían volver a la esclavitud en tiempo de paz, si los poderes extraordinarios de guerra que legitimaban al presidente eran cuestionados por el Tribunal Supremo.

viernes, 11 de abril de 2014

Desde Heródoto hasta Zack Snyder (pasando por Frank Miller).


Los 300 frente al Choque de Civilizaciones  
de Samuel H. Huntington.
¿Propaganda de guerra con Oriente Medio o simple entretenimiento?

El film 300, producido en 2007 por Warner Brothers, cuenta ya con una secuela dirigida por Noam Murro.

En la legendaria batalla de las Termópilas (480 a.C.), relatada por Heródoto en su Historia, libro VII[1] (durante la segunda guerra Médica), tenemos un buen modelo para describir la formación de la etnoidentidad griega. Para forjar una identidad, ha de construirse un modelo, un canon, estereotipado y posiblemente alienado del otro, sobre el cual se descargarán toda clase de clichés y exageraciones[2]. Esta necesidad de forjar vínculos de identidad colectiva (de un grupo frente a otro), será más acuciante en el caso de los griegos, conjunto de ciudades-Estado y poblaciones bajo diferentes condiciones de dependencia, heterogéneas en lo religioso y en constante conflicto entre sí (como demuestran la Guerra del Peloponeso o la condición de servidumbre de los ilotas, por parte de los espartanos). Así, por tanto, la identidad griega se construye soslayando las numerosas diferencias de carácter político-estratégico (intereses oligárquicos) e ideológico. La magnitud del choque entre persas y griegos durante las guerras médicas es producto de la naturaleza de las fuentes escritas, interesadas en construir un relato edificante para la retroalimentación de esa identidad. Algo muy similar describirá mucho después Samuel P. Huntington como “civilización” o “cultura”. Numerosos ideólogos han tratado de mostrar la continuidad desde la cultura griega hasta la actual “civilización occidental”, siendo las Termópilas el primer baluarte de resistencia, de cuyos resultados (el sistema democrático y una pluralidad política aparentemente excepcional) seríamos “nosotros” herederos. En todas las potencias europeas y en EEUU en especial, se ha construido una identificación con la democracia ateniense. 

Heródoto (484 - 425 a. C.)







Heródoto era un niño cuando tuvo lugar la batalla, pero cincuenta años después la contó como un sacrificio noble y valeroso (ya “el adivino Megistias” “les anunció que iban a morir al rallar el día”) de 4.000 hombres venidos del Peloponeso (espartanos, tespianos, tegeas, mantineas, orcómenos, corintos, micenos, tebanos, focenses, etc.), frente a 3.000.000 de persas (cifra exagerada que no alcanzaría más de 150.000). El sacrificio era fruto de la obediencia a un mandato superior en el caso de los hombres de Leónidas (obediencia y disciplina), acto que engrandecía aún más su hazaña y la hacía destacar en sus tumbas del resto de hombres, incluyendo aquellos lacedemonios que cobardemente habían huido de la línea de vanguardia[3]. Frente a ellos, los soldados bárbaros son hombres animalizados y serviles que, a golpe de látigo por parte de sus oficiales, avanzan hacia una ratonera (el paso de las Termópilas), por orden de un déspota oriental (Jerjes I, 519-465 a. C.). Entre las víctimas persas contó Heródoto como víctimas a hijos del mismísimo rey Darío (un punto de nobleza en caracterización del rival). El resultado que trata de transmitir Heródoto es el de una derrota honorable y edificante, una tragedia de factura histórica donde queda respetada la honorabilidad de los vencidos. Es una exaltación de la guerra defensiva, realizada con el favor y la ayuda de los dioses, el sacrificio por una noble causa (la libertad) y la buena táctica para que esto resultara posible: si vis pacem para bellum (el conocido lema romano que conocemos por Vegecio).

jueves, 31 de octubre de 2013

El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (IV y último)

Epílogo del blasquismo populista y repliegue conservador:

Vicente Blasco Ibáñez   Fuente: www.elmunicipio.es


Poco a poco, las llamadas “fuerzas vivas” de aquel primer periodo populista en la ciudad de Valencia se fueron apagando. El blasquismo como movimiento político da paso a un partido de notables y talante conservador. El proyecto blasquista consistía en presentar la reforma urbana como un proyecto económico beneficioso para la burguesía progresista y las clases populares logrando aglutinarlas en un bloque de progreso, en un frente populista contra el corrupto régimen canovista. El fracaso de este proyecto fue notable tras una confluencia ocasional, beneficiosa en lo económico pero fracasada en lo político, dado que la burguesía reaccionó contra la mayor radicalización (sentido lerrouxiano) del blasquismo entre 1909 y 1911.

sábado, 26 de octubre de 2013

El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (III)


El diario El Pueblo:


Célebre artículo de Blasco: La lepra catalanista.Año XV n5480 (13 de junio de 1907).
Fuente: http://prensahistorica.mcu.es

El diario El Pueblo se asocia desde el nacimiento al movimiento blasquista y a la propia figura del escritor y político, de tal modo que ninguna de las tres partes se podría entender sin las otras dos. El periódico actúa como correa de transmisión, activador, cohesionador, agitador y educador de masas. Tiene un relevante papel como instrumento político del partido, y en último extremo se llega a considerar como la lectura obligada para el republicano. Es el medio de identificación con el partido, y a través de él se consigue identificar al lector con la forma básica de militancia [1]. Con esta herramienta se enfrenta a otros rotativos como Las Provincias y El Mercantil Valenciano. Pronto se convierte en el diario más leído en tabernas y cafés, aunque es el menos vendido.

viernes, 25 de octubre de 2013

El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (II)


Una breve biografía del Blasco político:


Vicente Blasco Ibáñez.
Fuente: Biblioteca Miguel de Cervantes Virtual.
Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia el 29 de enero de 1867 en el seno de una familia de clase media. Cursó estudios universitarios en derecho, llegando incluso a ejercer la abogacía [1]

Desde su juventud se introduce de la mano de R. Asensi en la política y la literatura marcando ya su perfil político. A los 17 años ingresa en las filas del republicanismo federal de Pi i Margal, pero es en la universidad donde se convierte en líder de las juventudes republicanas, simpatizando con el radicalismo de Llombart. Chocará con los representantes más anquilosados pues sus primeros pasos irán encaminados a remodelar el federalismo, provocando con ello la oposición y el recelo de muchos [2]. Estando en el último año de carrera (1887) fue admitido en la logia masónica Unión.

Su carrera política se dispara en 1889 cuando decide fundar su primer periódico: La Bandera Federal, donde publicará columnas contra el gobierno. Por sus duras críticas contra el régimen se exiliará a País (1890-91). Al año siguiente, se acogerá a una amnistía  [3].  

Tras su regreso del exilio, en Valencia retoma la lucha política aliándose con el republicanismo Zorrillista representado por Salmerón. Blasco será representante de Fusión Republicana en Valencia, en un periodo en que su tendencia era más anticlerical que federal o social. La figura de Blasco se erige como la de un gran comunicador, con una gran capacidad para conmover a quien le escuchaba con su oratoria inflamada, viajero incansable por Europa y América, comenzó a recorrer gran cantidad de países pronunciando conferencias [4].

jueves, 24 de octubre de 2013

El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (I)

“En unos momentos en que España se encuentra sin pulso, el republicanismo reaparece como un regeneracionismo desde abajo. Los lugares comunes del ideario republicano (fe en el progreso, defensa de las libertades,  laicismo, reformismo social) son acuñados en el troquel del sentimiento popular y voceados con su lenguaje.”

Ramiro Reig.

 
El republicanismo (1898 – 1914) y la ruptura del encasillado:

A finales del siglo XIX el republicanismo fue descrito por el propio Pérez Galdós (que no tardaría en militar en sus filas) como una reedición de la Torre de Babel, puesto que en este se daban ideologías contrapuestas, mínimamente coincidentes, y que incluso parecían más distintas entre sí que entre algunas de las restantes fuerzas políticas. El desastre del 98 tuvo en España el efecto de provocar, entre los republicanos, la conciencia de necesidad de una unión política sólida. Así, en marzo de 1900 surgió la Unión Nacional Republicana. En 1903 obtuvo buenos resultados electorales llegando a los 36 escaños. Además, en esa última fecha se convirtió en definitiva la jefatura y liderazgo de Salmerón sobre la totalidad del movimiento republicano.

Lo más típico de este republicanismo de final de siglo fue una actitud exaltada protagonizada por líderes más o menos calificables de intelectuales pero siempre populares, sedicentemente revolucionaria, con un contenido más anticlerical que propiciador de la revolución social, y, al mismo tiempo, con una capacidad de atracción sobre la clase obrera, especialmente entre los anarquistas. El prototipo de este género de republicanismo nos lo ofrece la persona de Alejandro Lerroux, que fue durante años un factor imprescindible en la política barcelonesa. Vale la pena consultar, en este sentido, la ya clásica obra de José Álvarez Junco: El emperador del paralelo.


miércoles, 11 de julio de 2012

El discurso del presidente


Rajoy en el parlamento, el 11/07/12
(Fuente: www.cincodias.com)
Mariano Rajoy sube a la tribuna. Lo sabe, está suicidándose ante los ciudadanos. Pero no le importa. A estas alturas, el término ciudadano ha quedado suficientemente helenizado por la koiné del europeísmo. El presidente del gobierno pega cuatro golpecitos al taco de papeles y se coloca el micrófono. Se siente un «hombre de estado». Un jefe de la nación en tiempo de crisis. Se siente un Adolfo Suarez, «haciendo lo que tiene que hacer».

Tras echar un vistazo al hemiciclo, comienza a pronunciar su discurso. Un tejido de inconsistencias, entre las cuales incluye: «me veo obligado a tomar estas medidas»; para a continuación decir: «estoy de acuerdo con las medidas del memorándum confeccionado por el Ecofin». Su comparecencia es un trámite necesario, y aunque sabe que está entrando en una contradicción fatal, no muestra temor: sólo algunos darán cuenta de ello en medio del adormecimiento general de sobremesa –muy propio del telediario-. No le gusta quemarse ante las cámaras, prefiere poner en primera fila a De Guindos o Montoro.

lunes, 9 de julio de 2012

Las bibliotecas, los protocolos notariales y el Conde-Duque de Olivares.


El Conde- Duque.
Fuente:  http://www.museodelprado.es/

Cuando el Conde-Duque de Olivares regresa a Sevilla en 1607 –aún en sus años de juventud- pone en marcha una importante labor de mecenazgo que se traducirá en el apadrinamiento de Francisco Pacheco y otros artistas de la ciudad. También dedicará su tiempo a la formación intelectual en materias filológicas, políticas, filosóficas, etc. Su pasión por coleccionar libros y su posterior condición de hombre más poderoso de su tiempo en la monarquía hispánica le harán propietario de la mayor biblioteca particular de Europa en el siglo XVII. Catalogada en 1620, la biblioteca de Olivares contaba con 2.700 libros impresos y 1.400 manuscritos.

Estas y otras cuestiones, tratadas magistralmente por J.H. Elliott en su inmortal retrato del valido de Felipe IV, tienen que ver con el enfoque nietzscheano del origen, de la génesis (de algo que luego será pero que aún no se percibe de manera clara, tal vez por pertenecer al ámbito de la inconsciencia). El hispanista británico penetra en la retórica del hombre, del político y del confidente real a través de sus libros. El estudio del hombre público y su biblioteca nos acerca al hombre privado, aún de forma humilde.

Pero el estudio del hombre ha de hacerse a través de documentos –aunque no sólo con documentos, gracias annalistes-, y así conformamos la historia. El inventario post-mortem, topología exquisita del protocolo notarial, puede alumbrar la presencia de libros –unos más anónimos que otros-. Y así es como el libro permite reconstruir las tendencias e influencias intelectuales del personaje histórico. Mi primer contacto con esta tipología tuvo lugar en el segundo curso de Historia, del que fructificó este breve trabajo dedicado al fondo de protocolos notariales de Jijona. Creo que parte de mi amor por la historia, y especialmente la intriga que siento por la modernidad, se lo debo a John H. Elliott, el gran hispanista, que –aunque se basa en el trabajo previo de Gregorio Marañón en este ámbito- me enseña por primera vez lo que el estudio de una biblioteca puede dar de sí.